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domingo, 12 de septiembre de 2010

Garulos de Calpe

A mi buen amigo, Miguel Garulo Muñoz

El apellido Garulo se encuentra muy poco extendido por España y extinguido en nuestra población desde mediados del siglo XIX. Según algunos tratadistas, procede de un linaje de infanzones de origen aragonés, documentado desde 1582 en la villa oscense de Aniés, figurando como hijosdalgo en el Maravedí de dicho año. Además de las ramas de Fañanás y Aniés hay constancia de otras ramas de esta estirpe en las localidades de Castejón de Valdejasa, Esquedas, Loarre, Puendeluna, Rasal, Zaragoza y Zuera, entre otras. Una rama familiar se asentaría en Valencia, muy probablemente en el siglo XVI, y de ésta procede la casta calpina de los Garulo, que tanta importancia tuvo en la vida social y económica de nuestra población a lo largo del siglo XVIII.
La destrucción de nuestros libros parroquiales en tiempo de guerra creó una insalvable laguna documental que ha sumergido todos nuestros antecedentes de genealogía familiar en un insondable pecio. En ocasiones la aparición de testimonios históricos puntuales ofrece una valiosa información que arroja algo de luz sobre tan tupida oscuridad. Es el caso del que nos ocupamos.
Sabemos de la existencia en Calpe, -a mediados del siglo XVIII-, de un presbítero llamado Victoriano Garulo, quien solicitó su nombramiento como Notario de la Inquisición. A los efectos, Manuel Mayáns Siscar, canónigo e inquisidor, instruyó el expediente correspondiente sobre el aspirante, en el que se recogían referencias familiares que ahora nos permiten documentar los orígenes de la estirpe.
En el Quinque libri que principiaba en el año de 1695, aparecía la siguiente inscripción:
“En quinze días de junio mil setecientos y diez y seis con licencia del sr. Don Jacinto Orbí, Prb. Dotor en ambos derechos. Canonigo de la Santa Metropolitana Yglesia de Valencia y Vicario General por el Ilmo. Señor Dn. Fr. Antonio Folch de cardona. Arzobispo de Valencia, ausente en partes remotas y oficial refrendada por Joseph Blasma, Notario y escrivano en veinte y nueve de mayo de dicho presente año, hechas las tres canonicas moniciones entres dias calendas, intermissarum solemnia, la primera a 11 dominica de la Santíssima Trinidad, la segunda a 14 dias del Corpus, y la tercera a 17 dominica infraoctava del Corpus del mes de junio de dicho año y tenida certificación del Dr. Pedrogabraran. Preb. Vicario de la Parroquial de San Estevan de Valencia, fecha en tres de junio 1716 y no habiendo resultado impedimento alguno, y tenido su mutuo y Libre consentimiento desposé con palabras de presente a Don Manuel Garulo, natural de la ciudad de Valencia, hijo legítimo de Don Victoriano Garulo y de Maria Diego, conjuges y habitador de Calpe y a Beatriz Blanquer, doncella, natural de la villa de calpe, hija legítima y natural de Juan Blanquer y de Ursula Guardiola conjuges y acto continuo les velé y di las bendiciones nupciales, celebrandoles missa yo el Dr. Christoval Belda, Pbr. Retor de dicha parroquial de Calpe. Fueron testigos Fernando Boronat de Luisa y Alexandro Marcos, Notarios habitadores de Calpe y por la verdad lo firmo de mi nombre y mano en los dichos dias 15 mes y año. Dr. Christoval Belda”.
La inscripción matrimonial corresponde a la de los padres de Victoriano que nacería dos años después del enlace según testimoniaba el libro de Bautismos:
“En diez y nueve dias del mes de setiembre de mil setecientos diez y ocho, Yo el infrafirmado, bautizé según ritu de la Santa Madre Yglesia Catolica Romana a Victoriano Agustin Pedro Manuel Garulo, hijo de Don Manuel Garulo, fiel de rentas de las salinas y de Beatriz Blanquer, confulgum. Fueron padrinos Don Agustin Zorlado, Administrador de estas salinas y Francisca Ana Salvá, habitadora en Callosa. Nació dia diez y siete a las siete de la mañana, en cuya fee lo firmo dicho dia, mes y año. Don Severino Signes, Retor de Calp”.
Con estos antecedentes podemos afirmar que el asentamiento de los Garulo de Calpe se produce a principios del siglo XVIII, vinculados como administradores o interventores a nuestra importantísima explotación salinera.
Como podemos comprobar, Don Manuel Garulo Diego, ya oficiaba como fiel de rentas de las Salinas en 1716, época que coincide con la centralización administrativa borbónica promovida por el Decreto de Nueva Planta. Las nuevas disposiciones propician un incremento de los precios de arrendamiento de las salinas costeras y la creación de sociedades en las que el mayor accionista será el adjudicatario que después, a su vez, subarriende la explotación. Garulo, como funcionario del nuevo sistema administrativo implantado, ejercerá la regencia de las regalías de Calpe durante la primera mitad del siglo.
Don Manuel Garulo Diego aparece en 1730 como administrador de las Reales Salinas de la villa de Calpe y su partido, con una cobertura territorial de nuestra explotación correspondiente a las dos Marinas, el Comptat, l´Alcoia y la Safor, y eventualmente la Ribera y Cullera. Durante el período 1735-1736, nuestro administrador regula la producción de las Salinas de Calpe en 2.500 fanegas, aduciendo para justificar este menor volumen, las inclemencias meteorológicas sufridas durante el año. El 31 de mayo de 1736 abandona su cargo dejando las instalaciones de la explotación en un estado lamentable según un informe pericial fechado en septiembre de 1738 y practicado en un procedimiento criminal contra él:
“los estanques, calentadores, acequias, muelles y las eras así como el deterioro en que se encuentra el tejado del salero ya que conforme cahia el agua del cielo, dava sobre la sal, de que se siguió notable perdida, y se deshicieron mas de 700 fanegas de sal, que se hallaron de menos, pues dicho tejado estava tan claro, que por las mas partes se vehia el cielo, y la casa que esta separada, se esta cayendo, y no se atreven á habitarla los Administradores por temor de su ruina y la ermita que es más moderna esta deteriorada”.
Este informe se evacua a instancias de una querella civil y criminal presentada en 1736 por Pedro Juan Barber, nuevo administrador. Barber acusaba a Garulo de que
“mando sacar muchas cargas de sal de dicha salina y salero, para utilizarse de sus productos; cuya extracción se executó con los machos de la labor, del referido don Manuel, en los de Joseph Guardiola, en los de Miguel Thomas, en los de Joseph Morese vecinos de esta villa, los quales la condujeron a la casa de dicho don Manuel Garulo y a otras de esta villa”. Al mismo tiempo es acusado de vender sal fiada o regalarla a vecinos principales.
El proceso contra Garulo, ya en 1739, presenta declaraciones contradictorias en cuanto a testigos, algunos condicionados por la ascendencia social de nuestro personaje. El poder del burgués local queda patente por la expresión de una manifestante que viene a demostrar su influencia sobre el párroco local: “Buelba Vm. y que se levante este testigo que ya estoy informada del señor cura que por estos juramentos no se yrá una al Ynfierno”. Con el uso de sus resortes Manuel Garulo ostentaba en estos momentos la administración de rentas de la Aduana de Calpe y pretendía no ser interrogado en el procedimiento por ser “Juez Conservador de Marina en este partido”.
La sentencia, publicada en 1742, declaraba a Don Manuel Garulo defraudador, condenándole a pagar 156 libras.
Ya en diciembre de 1760  nuevamente el almacén de la salina necesita de diferentes reparos para “impedir la introducción de las aguas y que no se han podido encerrar en el las 2.200 fanegas que se han  fabricado este año, por lo que están a la inclemencia y expuestas a robos y mermas”. Constan como administrador de las Salinas en aquellos años Don Juan Garulo Blanquer –hijo de Don Manuel Garulo y hermano del presbítero Victoriano- y como Fiel Interventor, Cristóbal de Algarra, con la obligación, impuesta por la nueva normativa, de poner un Arca de Intervención con dos llaves para guardar los caudales del salero.
De la conjunta representación funcionarial de Garulo y Algarra surgirá el parentesco a través del matrimonio de Manuel Garulo e Isabel Algarra. No hemos podido documentar los pormenores del enlace, pero de éste surgirán los últimos Garulos calpinos: Manuel, Mariano, Alejandro, Cristóbal, José y  Silveria Garulo Algarra, sin descendencia los varones, quienes ostentarían pequeños cargos en la administración municipal durante la primera mitad del siglo XIX.
Por resolución real dictada el día 12 de Abril de 1787 se ordenaba que:
“ès mui útil, y beneficioso à la Real Hacienda, y à la Villa de Calpe, el que desde luego se inutilice, y extinga la Salina de su termino, allanándola por quenta de la Renta, de modo que se dè corriente à sus aguas, sin peligro de que el revalso de ellas pueda perjudicar à la salud publica, ni aprovecharse de la muera para uso alguno”.
Con esta disposición se ponía fin a la centenaria explotación salinera calpina, orden que se verificó a través del Visitador General de la Real Renta de Salinas Don Juan Pérez de Lazarraga, quien asistido de un escribiente interino y de un ayudante, contrató cuadrillas de peones y “en 32 días útiles de trabajo he logrado enteramente la destrucción y allanamiento a la referida fabrica, con la mayor perfección, hasta dejar el terreno, o sitio, en la propia disposición que crió naturaleza, e igual a la altura de los campos a su circunferencia, de forma, que quedando como queda, bien cerrada la acequia o conducto, por donde se introducían las aguas en la salina; y que las del invierno las consumirá la tierra". Esto sucedía en el mes de Agosto de 1787.
La influencia y notoriedad de los Garulos calpinos se extinguían al mismo tiempo que lo hacía la explotación salinera de Calpe. No pudo la vida de esta estirpe familiar estar más ligada a su existencia.
José Luis Luri Prieto

Deslinde de las salinas de Calpe

COSTAS Y LAS SALINAS DE CALPE

Ha veces no se entienden algunas decisiones tomadas por las administraciones públicas. Una de ellas se produjo en 1993 en la que una Orden Ministerial declaraba las salinas de Calpe como Zona Marítimo Terrestre y digo no entenderlo por que lo que nosotros hemos conocido de toda la vida como el Saladar no ha formado parte de la mar al menos en los últimos 2.000 años. Y me explico, es sabido que aledaño a la instalación salinera existen restos de una importante factoría de salazón de época romana y que parte de alguna de sus balsas (concretamente una pegada a la misma acera de la Av. De Europa) se encuentra su fondo prácticamente en el nivel freatico de las aguas y no digamos una las villas principales que de entrar el mar  las hubiera inundado.
Mi experiencia personal (nací y viví en la casa de la salina durante 24 años) y mi afición a la investigación histórica me lleva a tratar de demostrar que las inundaciones de la salina calpina no se deben al agua del mar como argumenta Costas, si no a la del agua dulce. Sobre todo de la lluvia. Y digo argumenta Costas por la reunión –a requerimiento del Departamento de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Calpe-que tuve “in situ”con dos altos cargos de Costas de Alicante en el mes de Diciembre del 2004, en la que les expuse mis razones para creer lo contrario.
Vista de la salina y alrededores en Julio 1968
                                                                                                                                                                                                                                                     Durante siglos el principal problema del Saladar fueron las fiebres producidas por los mosquitos anofeles cuyas larvas se crían en agua dulce. Y paso a exponer parte de algunos documentos que obran en mi poder y que pueden aportar más información. Uno de ellos fechado en Madrid el 12 de Abril de 1787 y que dice:
Pág. 6 del Doc.
Doc. 12/Abril/1787
“ serian inútiles el gasto de esa cantidad, por la mala constitución de las eras y depósitos de la salina, por lo que no tendrían subsistencia las obras, por la falsedad del terreno y haverse planificado la fabrica sin mas arte, que el haverla formado cavando en un llano”. Es sumamente aclaratorio este documento ya que nos dice que la salina se construyó “cavando en un llano”. Más adelante nos dice: “ Con reflexión à este Ynforme, y àlos antecedentes que quedan explicados, nos parece: Que ès mui útil, y beneficioso àla Real Hacienda, y àla Villa de Calpe, el que desde luego se inutilice, y extinga la Salina de su termino, allanándola por quenta de la Renta, de modo que se dè corriente à sus aguas, sin peligro de que el revalso de ellas pueda perjudicar àla salud publica,
 La salina calpina había llegado a un grado tal de deterioro que era inviable el arreglarla y las lluvias de los últimos años habían reavivado el problema de las fiebres terciarias al encharcarse las aguas en las balsas abandonadas.
Como vemos esta es la partida de defunción de la salina calpina y lo curioso es que proponen destruirla aplanándola y tapando todas sus balsas y acequias, con el argumento de que no se formen charcas y no se reproduzcan las fiebres, pero además en el sentido de que los de Calpe no puedan aprovechar las instalaciones en beneficio propio.
Para dirigir los trabajos de inutilización de la fábrica de sal se traslada a Calpe el Visitador General de la Real Renta de Salinas Don Juan Pérez de Lazarraga, asistido de un escribiente interino y de un ayudante, los cuales contratan cuadrillas de peones y “en 32 días útiles de trabajo he logrado enteramente la destrucción y allanamiento a la referida fabrica, con la mayor perfección, hasta dejar el terreno, o sitio, en la propia disposición que crió naturaleza, e igual a la altura de los campos a su circunferencia, de forma, que quedando como queda, bien cerrada la acequia o conducto, por donde se introducían las aguas en la salina; y que las del invierno las consumirá la tierra”.
Esto sucedía en el mes de Agosto de 1787 y como podemos ver, los terrenos que comprendían la fábrica de sal quedan completamente llanos y sus acequias tapadas,
En 1792 Josep Cavanilles  nos dice: 
 "En la llanura contigua a las raíces de Hifac había unas salinas que se abandonaron estos últimos años por creerse causa de las calenturas intermitentes que solían padecerse. Lo cierto es que en años lluviosos se juntan muchas aguas en el recinto llamado del Saladar, y no hallando salida forman pantanos, y se corrompen en verano”.
Pascual Madoz  en 1845 en lo referente al saladar calpino expone; “ Todavía en la actualidad se embalsan en aquel recinto, llamado el Saladar, las aguas que provienen de las lluvias, y no hallando salida, forman lagos pantanosos que se corrompen en el verano, con grave detrimento de la salud pública”.
 En 1871 sale a subasta el Saladar y en dicho documento se dice: “Este terreno, convertido en una laguna y las partes altas en terreno salitroso y pantanoso, no produce nada ni es susceptible de cultivo alguno, únicamente cría escasos pastos”.
El 14 de Marzo de 1918, Vicente Buigues escritura la finca de 44 Hectáreas "plantada parte de viñas, cereales y el resto en casi su totalidad destinada a pastos con una casa de labor" según consta en la escritura.
Es obvio que parte de las tierras de las antiguas salinas se habían convertido a finales del siglo XIX en tierras de labor. Para el drenaje de los campos existían dos acequias una a Levante y otra a Poniente.
La lámina de agua que hoy conocemos es de la década de 1940 en la que se arrancan las cepas que existían en toda la zona norte de la salina y se construyen las balsas más grandes.
Si por los temporales de Levante hubiera entrado el mar hacía las salinas no hubieran prosperado ni las cepas de viña, ni los olivos centenarios que hasta hace poco había entre la playa de la Fosa y las salinas.
Por todo lo expuesto podemos deducir que el saladar no es  zona húmeda- a menos que llueva- y si no se bombeara diariamente agua de mar en el plazo de dos años se convertiría en un páramo menos en su parte central que es donde se encuentran las acequias más profundas.
 El día 8 de Julio de 2004 Costas declara: “En su virtud, la Dirección General de Costas, por delegación de la Excma. Sra. Ministra, ha resuelto: Declarar nula y dejar sin efecto la Orden Ministerial de 8 de enero de 1993, por la que se aprobó el deslinde de los bienes de dominio público marítimo-terrestre en las Salinas de Calpe”.
Lo sorprendente es que Costas ha hecho o esta tramitando un nuevo deslinde de la salina calpina haciendo caso omiso a la sentencia dictada por la Sala  de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo de fecha 16 de abril de 2003.
Este expediente de deslinde al que me refería en Noviembre del 2005, se ha convertido en una realidad en Agosto de 2009, en que Costas ha iniciado un nuevo expediente de deslinde de las costas calpinas. Es un poco frustrante el que los poderes públicos sin argumentos válidos- al menos en el caso de la salina de Calpe- inicien un expediente de bienes de dominio público en un estado de derecho, sin presentar documentos que avalen la tesis mantenida por el Ministerio, siendo que si los hay en el sentido contrario.

Andrés Ortolá Tomás

 

Vicente Buigues Ferrando

Nace nuestro protagonista en 1860 en el seno de una familia de labradores y pescadores en la pequeña población de Moraira en el termino municipal de Teulada. Desde muy niño siente una gran afición por las cosas de la mar y en su juventud aprende el oficio de calafate. Ya casado enferma de fiebres terciarias muy comunes en esta zona  donde proliferaban los mosquitos anofeles en las charcas de agua dulce, sobre todo en las acequias y los restos de balsas de unas antiguas salinas del llano de Ifach. Alguien les dijo de hacer un cambio de aires y de llevar al joven matrimonio a Cabo de Palos, cerca de Cartagena donde el clima era muy sano y donde nadie tomaba medicamentos. En 1885 llega Vicente y su esposa Jacinta Vives a Cabo de Palos que por aquel entonces era un lugar casi desértico, compran una finca y embarcaciones con la esperanza de que pronto podría trabajar sus tierras o la mar. Así fue en efecto, curó de su larga enfermedad y con la salud le vino la actividad y empezó trabajar sus tierras.

  Vicente y Jacinta tuvieron la desgracia de que se primer hijo al que llamaron José falleciera al poco tiempo. Tuvieron cinco hijos más; José, Vicente, Hermenegildo, Antonio y Josefa . Nos contó su hijo Vicente (en 1981) que “ como la distancia entre Cabo de Palos y Oran en Argelia, es poca –sólo 110 millas- muchos pescadores del pueblo se dedicaban al contrabando de tabaco en sus pequeñas embarcaciones. Su padre vio que este tráfico no iba contra los intereses del Estado, sino contra un monopolio ilegal democráticamente, por lo que también se dedicó a este tráfico lucrativo, aunque expuesto. Algunos años después cuando se había repuesto económicamente adquirió un velero el Joven Miguel para hacer el tráfico de cabotaje entre los puertos españoles y africanos”.
El día 4 de Agosto de 1906 sobre las 5 de la tarde en  uno de aquellos viajes, navegaban el  pailebote Joven Miguel patroneado por Vicente Buigues y el falucho Joven Vicente al mando de  Juan Bautista Buigues, primo de Vicente,  les pasó el trasatlántico italiano Sirio que hacía la ruta Génova- Buenos Aires y que según comento el propio Vicente “ navegaba a un rumbo extraño, y su capitán debía ser un idiota o un marino de una habilidad extraordinaria”, al navegar por aquella zona a la velocidad que lo hacía (más de 15 nudos) siendo que era un lugar muy peligroso debido a multitud de bajos, especialmente el llamado de las Hormigas, con sólo 3 metros en su parte menos sumergida.
A los pocos minutos un ensordecedor crujido desgarró el casco del Sirio,  que quedó inclinado con la proa elevada sobre la superficie, tambaleándose varado sobre la cima del bajo, mientras su popa, el área donde se encontraba el pasaje de 1ª clase, iba  hundiéndose poco a poco. En poco tiempo tan sólo un tercio de la nave -el puente, las dos chimeneas y la cubierta de proa- sobresalían del agua. Tras la conmoción inicial, el pánico se apoderó de pasajeros y tripulación, algo comprensible si se tiene en cuenta que a principios de siglo pocas eran las personas que sabían nadar, y los buques de pasajeros contaban con un reducido número de botes salvavidas, insuficientes para  garantizar la evacuación de una nave sobrecargada de  pasajeros. Los gritos de socorro y de dolor entre los  angustiados pasajeros, gran parte compuesto por mujeres y niños, inundaron aquella apacible tarde de verano.  
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La nave quedó escorada a estribor, lo que dificultó las tareas de arriado de los botes salvavidas. Muchos pasajeros de la cubierta de popa quedaron atrapados bajo el  toldo que les protegía del sol, en una especie de red que les arrastró bajo el agua. La tripulación fue incapaz de controlar la situación en todo momento y abandonó al pasaje a su suerte, lo que provocó  escenas dantescas en lucha por la supervivencia. Incluso  algunos miembros llegaron a quitarse el uniforme antes de  abandonar la nave para pasar desapercibidos entre el pasaje. 
El naufragio fue presenciado por varios buques mercantes  -pues se trataba de una zona muy transitada por el tráfico marítimo- como el navío francés Poitien que negaron auxilio al Sirio por miedo a varar sus naves al aproximarse. Otros como  el vapor italiano Umbría y el español Mª Luisa optaron por  enviar botes para recoger a los náufragos.
 Vicente Buigues tuvo sus más y sus menos con su tripulación (todos parientes suyos, por cierto). Según se iban acercando al Sirio podían observar el caos y las escenas de pánico que se desarrollaban. En torno a la proa del trasatlántico chapoteaban docenas de personas que  habían sido empujadas al mar por la muchedumbre aterrada. Entre el  griterío, de cuando en cuando, se escuchaba el ruido seco de algún disparo. Ya hacía algún tiempo que había dejado de sonar el silbo de vapor del buque dando la alarma por lo que los sonidos de la tragedia  llegaban de forma nítida hasta los oídos de los marineros alicantinos.  
Tras media hora de tensa navegación, Buigues colocó su pailebote  paralelo al casco del Sirio y como a unos quince metros de distancia. En la borda del buque naufragado cientos de personas alargaban sus brazos hacia ellos y suplicaban ayuda en media docena de idiomas distintos. Algunos se lanzaban al mar e intentaban alcanzar al joven Miguel a nado.  Desoyendo las advertencias de uno de sus hijos, Vicente Buigues arrió un bote y se acercó al Sirio para comenzar a transbordar a los náufragos.  Inmediatamente éstos abordaron el pequeño chinchorro y lo hicieron volcar. Vicente consiguió alcanzar a nado con muchos esfuerzos su  pailebote dejando que las personas que había en el agua se agarrasen al bote volcado para así tener al menos una posibilidad de salvación. Ante  el cariz que estaba tomando la situación el patrón alicantino optó por una acción desesperada: simplemente abordó al Sirio con la proa del Joven Miguel. El bauprés del pequeño velero (el palo que llevan a proa los buques de vela y que se proyecta hacia afuera como una prolongación del barco) se empotró entre la borda del trasatlántico italiano y las estructuras metálicas del puente de mando. Uno de los estays (cabo que soporta longitudinalmente el palo de proa, trinquete, en los buques de vela) se partió debido a la fricción y como un latigazo barrió la cubierta de proa del Sirio hiriendo a varios pasajeros.  Al principio varios hombres saltaron desde la cubierta del buque embarrancado hacia la amura del Joven Miguel. Algunos consiguieron asirse a la borda del velero y ser izados a cubierta mientras que otros resultaron aplastados por la proa que rozaba continuamente contra la cubierta del Sirio. Buigues debió interponerse entre los pasajeros y la borda del buque para evitar nuevas desgracias. Con muchos esfuerzos consiguió evacuar ordenadamente el Sirio haciendo que los pasajeros abordasen al Joven Miguel a través del palo bauprés que cumplió su cometido como un pequeño puente hacia la salvación. Contrariamente a la  famosa regla de "las mujeres y los niños primero" fueron los hombres en esta ocasión quienes primero lograron salvarse del naufragio.  Las mujeres tuvieron que ser pasadas una a una por Buigues a bordo del  pailebote ya que el hecho de pasar solas a lo largo del bauprés las aterrorizaba.  
En total, Buigues y la tripulación del Joven Miguel consiguieron salvar aquella tarde a más de 250 personas que desembarcaron en Cartagena. Juan Bautista Buigues, primo de Vicente y patrón del falucho Joven Vicente, consiguió también salvar a más de un centenar de náufragos.
El Sirio permaneció 16 días varado sobre la cima del Bajo de  Fuera, hasta desaparecer completamente el 21 de agosto de 1906. Si  la tripulación hubiese actuado con calma y profesionalidad, hubiese  permitido evacuar al pasaje con calma, con la consiguiente reducción en pérdida de vidas.
Algunos testimonios históricos de supervivientes, como el de Augusto Fioretti, relatan como tuvo que luchar por  un chaleco salvavidas y vio, con sus propios ojos, como un  hombre, preso del pánico, se suicidaba con un revolver tras  besar una carta. Otros testimonios hablan de disparos a bordo y luchas por apoderarse de cualquier objeto que flotara entre los pasajeros  que no sabían nadar En esta época, muchos pasajeros iban armados, algo  lógico si tenemos en cuenta que se disponían a viajar al continente americano portando todas sus pertenencias, y que en aquella época era una costumbre extendida.
 Entre el pasaje viajaban muchas personalidades ricas  y célebres, como la famosa cantante de zarzuelas Lola Millanes. Testigos presénciales cuentan que pidió un revolver  para suicidarse, aunque finalmente no tuvo tiempo material y pereció ahogada, recuperándose su cadáver días más tarde  arrastrado por las fuertes corrientes en la localidad  alicantina de Torrevieja. El Obispo de San Pablo de Brasil, también falleció en el naufragio.
Entre los personajes famosos que se salvaron destacan, Monseñor Marcondes, Arzobispo de Para (Brasil);  Leopoldo Politzer, Cónsul austriaco en Río de Janeiro; T.  Eberna, director de ópera; el famoso tenor Maristany; el  maestro Hermoso, director de la banda de música del Hospicio de Madrid y el famoso médico italiano Franza .
 El Joven Miguel, el barco con el que Vicente Buigues salvó la vida a  tantas personas entró a reparar en el Arsenal de Cartagena por orden  del capitán general ya que quedó muy dañado tras su heroica hazaña.
Vicente a los 46 años
Vicente Buigues fue condecorado por los gobiernos de España e Italia con la Cruz del Mérito Naval con Distintivo Rojo y con la Medalla de Oro de Salvamento de Náufragos. El propio rey Alfonso XIII le recibió en audiencia en el Palacio Real de donde surgió una amistad personal que perduró en el tiempo. A este respecto, años más tarde encontrándose Vicente en el puerto de Valencia, el Rey realizó una visita a este lugar y al ver Vicente el revuelo que se originó, pregunto que pasaba y al enterarse que era el Rey, saltó el cordón de seguridad con la intención de saludarlo, y casi fue arrestado por las fuerzas del orden.
El Joven Miguel acabó sus días al ser abordado por el acorazado Pelayo durante uno de sus viajes cargado con petróleo refinado procedente de Argel.  Según contó el propio Vicente, el comandante del Pelayo le dio 20 “duros” y le dijo, toma Buigues para que des de comer a tu familia y con la condición de que no hagas más contrabando. Y  el “ti Vicent” le contesto; con estos 20 duros volveré a empezar. Y es que Vicente Buigues a raíz del salvamento del Sirio tenía un bien ganado prestigio entre los  marinos militares. De hecho dos de sus hijos, Pepe y Vicente, ingresaron posteriormente en la marina militar.
Una de las actividades que desarrolla paralelamente a la navegación fue la salinera con la explotación de la sal en Cabo de Palos, más tarde compró unos terrenos en Canet de Berenguer en Castellón donde su hijo Antonio se encargó de construir una nueva salina y que en 1934 aproximadamente vendieron a Salinera Catalana y donde Antonio pasó a administrar las salinas del Alted en Alicante.  
Más adelante nos sigue contando su hijo Vicente....”Habían pasado veintitantos  años de la salida de la comarca donde se había criado y le había sacado la malaria, no obstante no había olvidado su zona de nacimiento. Con intención de volver hizo pregunta sobre como se podrían desterrar las terciarias de un lugar. Le dijeron que inundando las tierras pantanosas con agua del mar y haciéndola circular, no se criarían los mosquitos. Dado el cariño que tenía a Calpe concibió la idea de vender las tierras que sus padres le habían comprado, más todo lo que había adquirido el, para volver a Calpe dispuesto a luchar por desterrar la enfermedad palúdica que se había hecho endémica en el lugar de su nacimiento y sus alrededores. En 1917 compra las tierras donde radicaba el foco de la enfermedad, (ver artículo Salinas) el llano de la fosa de Ifach, puso maquinaria en la orilla del mar, en lo que ahora llaman Cala de la salina, para elevar el agua hasta lo más alto del lodazar matando así las larvas de los mosquitos propagadores de la enfermedad endémica de la zona. Pronto empezó a notarse la mejoría en los afectados del terrible mal, con gran satisfacción de mi padre, que pudo saber que las victimas del mal sanaban gracias a el”.
Habiendo fallecido su esposa Jacinta contrae matrimonio con una viuda de Cartagena llamada Carmen.
Nuevamente viudo, vuelve a casarse por tercera vez con Isabel Bellón, también de Cartagena. Siempre se ha dicho que el ti Vicent fue en bicicleta a ver a su última mujer ( Isabel) a Cartagena cuando contaba casi 70 años de edad. Hemos podido confirmar de boca de uno de sus nietos que el único viaje realizado por su abuelo a Cartagena y en bicicleta fue a finales de 1936, cuando le llegó la noticia de que las fuerzas republicanas habían apresado a su hijo Vicente que ingreso en 1933 en la marina militar y estaba  destinado en la vigilancia de la pesca. La razón de ir en bicicleta no fue  otra que la de pasar  los numerosos controles más fácilmente. Finalmente, pudo traerse a su hijo sano y salvo.
Vicente hombre polifacético donde los haya, tenia un largo bagaje de experiencias de todo tipo y una que podríamos calificar de “curiosa” era la habilidad que se le atribuía de “cortar” las mangas de los tornados, habilidad que había adquirido de sus tiempos de navegante. Las mangas de tornados eran bastante habituales en aquellos años, por esta zona solían salir desde el cabo de Moraira y se internaban en el mar. Pues bien, la gente decía por Calpe que el “ti Marguí tallava les maneges” y por eso le daban las culpas en las épocas que no llovía. Vicente conocía la oración y con unas simples tijeras hacía el ademán de cortarlas sobre el horizonte al mismo tiempo que rezaba una oración y claro como a el no le interesaba que lloviera porque se estropeaba la cosecha de la sal, la gente le atribuía la escasez de las lluvias.
Tenía don Vicente una criada ( Pepa el Zurdo)  que le llevaba el almuerzo a la salina, dicho almuerzo consistía en un tazón de sopas de leche y pan, como le molestaba la dentadura postiza se la quitaba, e igual la dejaba en el suelo y las más de las veces no sabía donde la había dejado.
Iba este hombre excepcional las más de las veces descalzo o con unas simples alpargatas, debido a ello tenía los dedos de los pies completamente abiertos.
En cierta ocasión,  cuando la expulsión del Rey Alfonso XIII, se encontraban don Vicente y mi padre arreglando un "tablacho" y se puso a llorar, mi padre le preguntó; "ti Vicent que li pasa, per que plora?" el le contestó. Hay Pepet  tu todavía no entiendes de esto, pero han expulsado al Rey de España y esto nos traerá mucha sangre y desgracia. El se consideraba amigo personal del Rey y además tenía una gran visión política de lo que podía suceder a partir de aquel momento.
 
 Andrés Ortolá Tomás