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domingo, 12 de septiembre de 2010

El Peñón de Ifach

Nada tenemos claro hoy sobre los orígenes del nombre de Ifach. Según nos manifiesta el padre Llopis en su obra Calpe, este es nombre númida del rey Sifax, que según Llopis se defendió en el reducto de Ifach frente a Masinisa. Otra opinión nos cuenta que cuando fueron expulsados los libios-fenicios del hoy Gibraltar, en su periplo migratorio llegaron a nuestras costas y al contemplar la imponente figura de nuestro peñón, tan semejante a la de Gibraltar y para diferenciarlo del otro peñón, lo nombraron Ifac, que en su lengua significa "del norte o boreal" . Aunque hoy en día no existe documentación ni ninguna teoría clara que nos permita inclinarnos en una opción realmente verídica.
Hay autores como el norteamericano Carpenter que identifican la factoría griega de Hemeroscopeion con Ifach. Figueras Pacheco se pregunta si existe alguna relación entre el mojón antiguo de Tartessos del que nos habla Avieno y el Peñón de Ifach.
Tenemos constancia por las diversas excavaciones realizadas de la existencia de un poblado ibérico de los siglos IV y III antes de Cristo que se encuentra en la mitad de la ladera norte a unos 100 metros de lo que hoy es el Aula de la Natura y que desde 1977 no se ha excavado y por tanto no se pueden sacar demasiadas conclusiones.
En el siglo IV o V de nuestra era y posiblemente más tarde, tenemos un fortín o una torre vigía cerca del túnel y que podría ser de procedencia bizantina.
Pedro III el Grande desde Valencia el 8 de Abril de 1282 trata de construir en Ifach una población estable "ordenando construir villa y manda que inmediatamente empiecen a trabajar y a edificar de tal manera que para la fiesta de San Miguel se vea que está terminada" El 11 de abril, tres días después de su orden, el rey Pedro decide dividir Ifach en solares y regalarlos a cuantos calpinos quieran edificar allí sus moradas. La propuesta no tuvo el éxito esperado y el peñón continuó sin pobladores. Años más tarde su hijo, el rey Jaume II autoriza desde  Nápoles a Roger de Lluria, señor de Calpe, en documento firmado el día 10 de Agosto de 1298 "Damos también licencia y pleno poder a vos el dicho noble para construir y edificar allí mismo, para seguridad y defensa de los hombres que habiten en el mismo lugar, torres y fortalezas teniéndolas vos y vuestros herederos y sucesores bajo la misma condición y donación por lo que habéis y tenéis el predicho castillo de Calpe" . Parece ser que en esta ocasión se consigue lo que durante tanto tiempo habían pretendido, fortificar el lugar de Ifach y hacer que algunos calpinos fueran a vivir allí. No duró muchos años este intento, la inseguridad del lugar, muy expuesto a los ataques piráticos contribuyó en gran medida a su paulatino despoblamiento. Fue la hija de Roger de Lluria, Margarita la que en el año 1344 ordenó la construcción de una iglesia en Ifach cuyos restos existen todavía, (ver en esta WEB, la Iglesia de Ntra. Sra. de los Ángeles)  fundada con tres beneficios, a la Virgen Maria, al arcángel San Miguel y a San Nicolás. Por desgracia, ese mismo año el lugar de Ifach estaba prácticamente despoblado, como manifiesta el baile Guillem Grau " per quant lo loch...Yfach esta despoblat, e los habitants de aquell se han lluntat a viure dins terra per por que fan los moros".
Habiendo fracasado todos los intentos de una población estable que pudiera formar un núcleo de defensa importante para el lugar de Ifach y de la vecina villa de Calpe, el rey Pedro el Ceremonioso determina en el año 1359 la reducción de las fortificaciones para hacerlas mejor defendibles y fáciles de vigilar.
Finalmente, y en vista de la imposibilidad de atraer habitantes al lugar, se establece por el rey en 1408 la instalación de guardas y atalayas en Ifach, abandonando definitivamente la formación de un núcleo habitado de forma permanente.
En 1562 el ingeniero Bautista Antonelli aconseja para una buena defensa de los calpinos el derribar las murallas de Ifach para que no las pudieran ocupar los piratas moriscos y hacerse fuertes en este lugar. Al año siguiente Antonelli conjuntamente con el Maestre Racional del Reino proponen reparar y volver a fortificar Ifach obligando a los vecinos de Calpe para guardar las dos ensenadas que existen a ambos lados del peñón. Este proyecto no se llegó nunca a materializar.
El rey Felipe IV en fecha 12 de Marzo de 1623 ordena al virrey de Valencia el Marques de Povar el construir un fuerte aprovechando las ruinas de la antigua iglesia de Ifach que parece ser continuaba en pie, a pesar de que según diversas fuentes el poblado del lugar había sido arrasado por la armada genovesa. Con la muerte del Marques de Ariza y el poco interés de la Generalitat Valenciana no se llevó a cabo ninguna de las obras previstas. Esta falta de previsión por parte de la Generalitat y con ello la falta de una vigilancia adecuada trajo fatales consecuencias algunos años más tarde (1637) cuando la villa de Calpe fue asaltada por los moros llevándose cautivas a más de 300 personas, aparte de los continuos apresamientos de los barcos que venían a  cargar sal a la rada calpina.
Subasta del Peñón de Ifach en Calpe en el año 1871
 Partido Judicial de Callosa de Ensarriá.-Calpe.-Fincas rústicas.-Estado.-Quiebra por segundos plazos de D. Bartolomé Crespo.
Número 16 del inventario.- Un monte denominado Ifach, procedente del estado, situado á la parte SE. Y a 2 kilómetros de la población, no contiene llanura alguna, estando representado por un peñón casi vertical, con unas pequeñas faldas, y la entrada y subida del mismo con bastante dificultad. Sus productos son escasas leñas y pastos regulares, aprovechables para ganado cabrio. Su superficie es de 127 hectáreas ó 197 fanegas, 2 celemines, 29 estadales del marco Real de Castilla; y su medida de la localidad 254 jornales, 4 anegadas, 20 cañas ó brazas. Tiene enclavadas tierras de la propiedad de Ignacio Roselló y herederos de Bartolomé Moll, las cuales no van comprendidas en la cabida del monte. Linda N. Tierras de Vicente Sala y herederos de Vicente Pérez, y por E. S y O. Con el mar. Los peritos tasaron su venta en 980 pesetas, y en renta 42 que capitalizadas con deducción del diez por ciento de administración, hacen 945 pesetas, por lo que el tipo para la subasta serán las 980 pesetas de tasación.
Fueron peritos D. José Cardona y D. Francisco Jorro.
En este interesante documento podemos constatar que el peñón (la roca) es propiedad del estado y que se subasta por segunda vez al no poder hacer frente a los pagos Bartolomé Crespo (¿Bartolomé Crespo Ferrer, domiciliado en la calle Mayor de Calpe en 1893?). En esta subasta no hemos podido constatar si quedó desierta o si por el contrario alguien se adjudicó la finca. Nos descoloca un poco la versión de Vicente Llopis en la que manifiesta que en 1862 fue comprado el peñón por un particular por la cantidad de 6.000 reales y que en 1918 Vicente Paris Morlá lo compró por 5.000 reales a Gregorio González Ausina de Altea. Y decimos nos descoloca porque en el Registro de la Propiedad consta que el titulo de propiedad del peñón fue por decisión judicial, por demanda en el Juzgado de 1ª Instancia de Gandia contra Maria e Isabel Boronat Roselló, vecinas de Valencia; Miguel Boronat Roselló, vecino de Gandia y Pedro Boronat Roselló, vecino de Alcoy, todos ellos herederos de José Boronat Garcelá sobre declaración de dominio de la finca. Se dictó sentencia el día 19 de Diciembre de 1918 por parte de Don Luis Zapater Rodriguez. Además el mismo Llopis nos cuenta de que en 1858 al anochecer y al paso de la reina Isabel II  el vecino de Calpe Francisco Roselló encendió una hoguera en la cumbre del peñón como saludo a la reina. Este hombre trabajaba en las laderas del monte. Trece años después (1871) nos encontramos que existe un tal Ignacio Roselló como propietario de parte de la ladera y también es coincidencia el que los que pleitean con Paris se apelliden Roselló. Así mismo en 1916 existía una propiedad a nombre de Ursula Crespo Roselló de la que más adelante hablaremos.
Como la roca sin las tierras del istmo no le servían de nada, Vicente Paris entabla negociaciones con Joaquín Sala y su esposa Maria Sala propietarios de casi toda la ladera. Estas tierras eran herencia de Vicente Sala Narbó que a su vez las deja a sus hijas Maria y Francisca Sala Ferrer. Vicente Paris compra a Maria las tierras de la ladera donde construye las dos casas. En una segunda ocasión compra a Maria más terrenos para construir la carretera de acceso a las dos nuevas viviendas. El matrimonio Sala Sala se reserva las tierras de alrededor de la casa solariega, que estaba ubicada en lo que hoy es el chalet propiedad de la Generalidad Valenciana. Finalmente, Paris compra las tierras propiedad de Francisca que comprendían desde las murallas hasta el puerto. Cada una de las adquisiciones las hace Paris por una cantidad que oscila entre 2.500 y 3.500 pesetas.

El Peñón en la década de los años 40
Arriba a la izquierda la casa del casero y a la derecha la de París
Joaquín Sala le proporciona a Paris los albañiles que le construyen su vivienda y la del casero. Son estos Andrés Ortolá Ivars, Miguel Zaragozí y Andrés Bertomeu, entre otros.
Cuando tuvo terminadas las dos casas le preguntó a Joaquín Sala por un hombre de confianza para casero de la finca y Joaquín le recomendó a Andrés Ortolá Ivars, abuelo del que suscribe.
Al poco tiempo emprendió la ingente tarea de construir un túnel para poder subir al peñón. Un joven de nombre Mateo Ivars Crespo subió por unas sogas que colgaban desde las peñas, para explicarle a Paris lo que se veía al otro lado. Este joven era hijo de una vecina del “ti Paris”, Ursula Crespo Roselló la “tía Sola”. Que por cierto, no consintió  nunca en venderle cuatro bancales (donde está el aparcamiento del Aula de la Natura) que tenía al lado de la casa Paris. Su hijo Mateo se los vendió a Mas Capó.
Al abrir el túnel y poder explorar ampliamente el peñón se encontraron tres soberbios ejemplares de cabra de enormes cuernos y largo pelaje, en estado completamente salvaje. Dos machos, el uno gris el otro negro y una hembra. Al macho gris le dispararon el propio Paris y un pariente suyo llamado Jaime, a pesar que lo alcanzaron, jamás lo encontraron, ni cayó al mar ni nunca se supo. El negro convivió durante muchos meses con las cabras que el casero tenía en el monte y durante mucho tiempo no pasaba por el interior del túnel siguiendo a las cabras en su camino al corral. Finalmente consintió en bajar y se integró plenamente con el resto del ganado. Hace años los carniceros tenían la practica de sopesar un animal y saber el peso, y un día el carnicero calpino Pepe Benitet fue a sopesar al "negro" y este se le revolvió dándole un mordisco en la pantorrilla. La leyenda de los "chotos de Ifach" trascendió a toda la comarca. En cierta ocasión fueron mi abuelo (Andrés) y mi padre con el carro a Gandia -residencia de los Paris- y llevaban la piel del macho cabrio, hicieron noche en la población de Gata de Gorgos y al comentar en el hostal de donde venían les preguntaron por la veracidad de los animales encontrados en el peñón y si eran tan grandes como se contaba. A lo que mi abuelo requirió a mi padre ¡Pepet, ve al carro y trae la piel del choto! Y esa fue la historia de los chotos de Ifach.
Un día, y por pura casualidad, se descubrió una fuente en la base de la roca (debajo del túnel)  se excavó otro túnel que formó una gran balsa, el agua recogida bajaba por gravedad a través de una larga tubería de plomo colgada de un cable hasta la casa de Paris. En la actualidad el túnel-balsa se encuentra lleno de agua. En la parte de poniente del peñón, en su base y a nivel del mar existió una cueva con otra fuente de agua dulce en su interior. Esta cueva fue dinamitada a principios de la década de 1960 para extraer piedra para el puerto pesquero.

La casa de Vicente Paris en la ladera del Peñón
El 15 de Abril de 1928 Paris trasmite la nuda propiedad a su nieto Vicente Paris Navarro, y el usufructo, en cuartas partes indivisas, entre el mismo, y sus hijos Diego, Rita y Catalina Paris Collado. Fallecidos los dos varones usufructuarios, Vicente como nudo propietario, y sus tías como usufructuarias, venderán la finca, el 20 de Diciembre de 1951 a José Más Capó por un precio confesado en escritura de 375.000 pesetas y real de 1.600.000. Aunque existen algunos interrogantes en el aire a ese respecto en cuanto al dinero real pagado.
El 17 de Enero de 1987 fue declarado Parque Natural, las dos casas edificadas por Paris derribadas, así como la estructura inacabada del Ifach Palace Hotel que desde 1957 perduraba en la ladera del peñón. En el solar de las casas se construyeron dos imitaciones de las mismas para Aula de la Naturaleza.

  Andrés Ortolá Tomás
Febrero de 2005

Vicente Buigues Ferrando

Nace nuestro protagonista en 1860 en el seno de una familia de labradores y pescadores en la pequeña población de Moraira en el termino municipal de Teulada. Desde muy niño siente una gran afición por las cosas de la mar y en su juventud aprende el oficio de calafate. Ya casado enferma de fiebres terciarias muy comunes en esta zona  donde proliferaban los mosquitos anofeles en las charcas de agua dulce, sobre todo en las acequias y los restos de balsas de unas antiguas salinas del llano de Ifach. Alguien les dijo de hacer un cambio de aires y de llevar al joven matrimonio a Cabo de Palos, cerca de Cartagena donde el clima era muy sano y donde nadie tomaba medicamentos. En 1885 llega Vicente y su esposa Jacinta Vives a Cabo de Palos que por aquel entonces era un lugar casi desértico, compran una finca y embarcaciones con la esperanza de que pronto podría trabajar sus tierras o la mar. Así fue en efecto, curó de su larga enfermedad y con la salud le vino la actividad y empezó trabajar sus tierras.

  Vicente y Jacinta tuvieron la desgracia de que se primer hijo al que llamaron José falleciera al poco tiempo. Tuvieron cinco hijos más; José, Vicente, Hermenegildo, Antonio y Josefa . Nos contó su hijo Vicente (en 1981) que “ como la distancia entre Cabo de Palos y Oran en Argelia, es poca –sólo 110 millas- muchos pescadores del pueblo se dedicaban al contrabando de tabaco en sus pequeñas embarcaciones. Su padre vio que este tráfico no iba contra los intereses del Estado, sino contra un monopolio ilegal democráticamente, por lo que también se dedicó a este tráfico lucrativo, aunque expuesto. Algunos años después cuando se había repuesto económicamente adquirió un velero el Joven Miguel para hacer el tráfico de cabotaje entre los puertos españoles y africanos”.
El día 4 de Agosto de 1906 sobre las 5 de la tarde en  uno de aquellos viajes, navegaban el  pailebote Joven Miguel patroneado por Vicente Buigues y el falucho Joven Vicente al mando de  Juan Bautista Buigues, primo de Vicente,  les pasó el trasatlántico italiano Sirio que hacía la ruta Génova- Buenos Aires y que según comento el propio Vicente “ navegaba a un rumbo extraño, y su capitán debía ser un idiota o un marino de una habilidad extraordinaria”, al navegar por aquella zona a la velocidad que lo hacía (más de 15 nudos) siendo que era un lugar muy peligroso debido a multitud de bajos, especialmente el llamado de las Hormigas, con sólo 3 metros en su parte menos sumergida.
A los pocos minutos un ensordecedor crujido desgarró el casco del Sirio,  que quedó inclinado con la proa elevada sobre la superficie, tambaleándose varado sobre la cima del bajo, mientras su popa, el área donde se encontraba el pasaje de 1ª clase, iba  hundiéndose poco a poco. En poco tiempo tan sólo un tercio de la nave -el puente, las dos chimeneas y la cubierta de proa- sobresalían del agua. Tras la conmoción inicial, el pánico se apoderó de pasajeros y tripulación, algo comprensible si se tiene en cuenta que a principios de siglo pocas eran las personas que sabían nadar, y los buques de pasajeros contaban con un reducido número de botes salvavidas, insuficientes para  garantizar la evacuación de una nave sobrecargada de  pasajeros. Los gritos de socorro y de dolor entre los  angustiados pasajeros, gran parte compuesto por mujeres y niños, inundaron aquella apacible tarde de verano.  
CLIC
La nave quedó escorada a estribor, lo que dificultó las tareas de arriado de los botes salvavidas. Muchos pasajeros de la cubierta de popa quedaron atrapados bajo el  toldo que les protegía del sol, en una especie de red que les arrastró bajo el agua. La tripulación fue incapaz de controlar la situación en todo momento y abandonó al pasaje a su suerte, lo que provocó  escenas dantescas en lucha por la supervivencia. Incluso  algunos miembros llegaron a quitarse el uniforme antes de  abandonar la nave para pasar desapercibidos entre el pasaje. 
El naufragio fue presenciado por varios buques mercantes  -pues se trataba de una zona muy transitada por el tráfico marítimo- como el navío francés Poitien que negaron auxilio al Sirio por miedo a varar sus naves al aproximarse. Otros como  el vapor italiano Umbría y el español Mª Luisa optaron por  enviar botes para recoger a los náufragos.
 Vicente Buigues tuvo sus más y sus menos con su tripulación (todos parientes suyos, por cierto). Según se iban acercando al Sirio podían observar el caos y las escenas de pánico que se desarrollaban. En torno a la proa del trasatlántico chapoteaban docenas de personas que  habían sido empujadas al mar por la muchedumbre aterrada. Entre el  griterío, de cuando en cuando, se escuchaba el ruido seco de algún disparo. Ya hacía algún tiempo que había dejado de sonar el silbo de vapor del buque dando la alarma por lo que los sonidos de la tragedia  llegaban de forma nítida hasta los oídos de los marineros alicantinos.  
Tras media hora de tensa navegación, Buigues colocó su pailebote  paralelo al casco del Sirio y como a unos quince metros de distancia. En la borda del buque naufragado cientos de personas alargaban sus brazos hacia ellos y suplicaban ayuda en media docena de idiomas distintos. Algunos se lanzaban al mar e intentaban alcanzar al joven Miguel a nado.  Desoyendo las advertencias de uno de sus hijos, Vicente Buigues arrió un bote y se acercó al Sirio para comenzar a transbordar a los náufragos.  Inmediatamente éstos abordaron el pequeño chinchorro y lo hicieron volcar. Vicente consiguió alcanzar a nado con muchos esfuerzos su  pailebote dejando que las personas que había en el agua se agarrasen al bote volcado para así tener al menos una posibilidad de salvación. Ante  el cariz que estaba tomando la situación el patrón alicantino optó por una acción desesperada: simplemente abordó al Sirio con la proa del Joven Miguel. El bauprés del pequeño velero (el palo que llevan a proa los buques de vela y que se proyecta hacia afuera como una prolongación del barco) se empotró entre la borda del trasatlántico italiano y las estructuras metálicas del puente de mando. Uno de los estays (cabo que soporta longitudinalmente el palo de proa, trinquete, en los buques de vela) se partió debido a la fricción y como un latigazo barrió la cubierta de proa del Sirio hiriendo a varios pasajeros.  Al principio varios hombres saltaron desde la cubierta del buque embarrancado hacia la amura del Joven Miguel. Algunos consiguieron asirse a la borda del velero y ser izados a cubierta mientras que otros resultaron aplastados por la proa que rozaba continuamente contra la cubierta del Sirio. Buigues debió interponerse entre los pasajeros y la borda del buque para evitar nuevas desgracias. Con muchos esfuerzos consiguió evacuar ordenadamente el Sirio haciendo que los pasajeros abordasen al Joven Miguel a través del palo bauprés que cumplió su cometido como un pequeño puente hacia la salvación. Contrariamente a la  famosa regla de "las mujeres y los niños primero" fueron los hombres en esta ocasión quienes primero lograron salvarse del naufragio.  Las mujeres tuvieron que ser pasadas una a una por Buigues a bordo del  pailebote ya que el hecho de pasar solas a lo largo del bauprés las aterrorizaba.  
En total, Buigues y la tripulación del Joven Miguel consiguieron salvar aquella tarde a más de 250 personas que desembarcaron en Cartagena. Juan Bautista Buigues, primo de Vicente y patrón del falucho Joven Vicente, consiguió también salvar a más de un centenar de náufragos.
El Sirio permaneció 16 días varado sobre la cima del Bajo de  Fuera, hasta desaparecer completamente el 21 de agosto de 1906. Si  la tripulación hubiese actuado con calma y profesionalidad, hubiese  permitido evacuar al pasaje con calma, con la consiguiente reducción en pérdida de vidas.
Algunos testimonios históricos de supervivientes, como el de Augusto Fioretti, relatan como tuvo que luchar por  un chaleco salvavidas y vio, con sus propios ojos, como un  hombre, preso del pánico, se suicidaba con un revolver tras  besar una carta. Otros testimonios hablan de disparos a bordo y luchas por apoderarse de cualquier objeto que flotara entre los pasajeros  que no sabían nadar En esta época, muchos pasajeros iban armados, algo  lógico si tenemos en cuenta que se disponían a viajar al continente americano portando todas sus pertenencias, y que en aquella época era una costumbre extendida.
 Entre el pasaje viajaban muchas personalidades ricas  y célebres, como la famosa cantante de zarzuelas Lola Millanes. Testigos presénciales cuentan que pidió un revolver  para suicidarse, aunque finalmente no tuvo tiempo material y pereció ahogada, recuperándose su cadáver días más tarde  arrastrado por las fuertes corrientes en la localidad  alicantina de Torrevieja. El Obispo de San Pablo de Brasil, también falleció en el naufragio.
Entre los personajes famosos que se salvaron destacan, Monseñor Marcondes, Arzobispo de Para (Brasil);  Leopoldo Politzer, Cónsul austriaco en Río de Janeiro; T.  Eberna, director de ópera; el famoso tenor Maristany; el  maestro Hermoso, director de la banda de música del Hospicio de Madrid y el famoso médico italiano Franza .
 El Joven Miguel, el barco con el que Vicente Buigues salvó la vida a  tantas personas entró a reparar en el Arsenal de Cartagena por orden  del capitán general ya que quedó muy dañado tras su heroica hazaña.
Vicente a los 46 años
Vicente Buigues fue condecorado por los gobiernos de España e Italia con la Cruz del Mérito Naval con Distintivo Rojo y con la Medalla de Oro de Salvamento de Náufragos. El propio rey Alfonso XIII le recibió en audiencia en el Palacio Real de donde surgió una amistad personal que perduró en el tiempo. A este respecto, años más tarde encontrándose Vicente en el puerto de Valencia, el Rey realizó una visita a este lugar y al ver Vicente el revuelo que se originó, pregunto que pasaba y al enterarse que era el Rey, saltó el cordón de seguridad con la intención de saludarlo, y casi fue arrestado por las fuerzas del orden.
El Joven Miguel acabó sus días al ser abordado por el acorazado Pelayo durante uno de sus viajes cargado con petróleo refinado procedente de Argel.  Según contó el propio Vicente, el comandante del Pelayo le dio 20 “duros” y le dijo, toma Buigues para que des de comer a tu familia y con la condición de que no hagas más contrabando. Y  el “ti Vicent” le contesto; con estos 20 duros volveré a empezar. Y es que Vicente Buigues a raíz del salvamento del Sirio tenía un bien ganado prestigio entre los  marinos militares. De hecho dos de sus hijos, Pepe y Vicente, ingresaron posteriormente en la marina militar.
Una de las actividades que desarrolla paralelamente a la navegación fue la salinera con la explotación de la sal en Cabo de Palos, más tarde compró unos terrenos en Canet de Berenguer en Castellón donde su hijo Antonio se encargó de construir una nueva salina y que en 1934 aproximadamente vendieron a Salinera Catalana y donde Antonio pasó a administrar las salinas del Alted en Alicante.  
Más adelante nos sigue contando su hijo Vicente....”Habían pasado veintitantos  años de la salida de la comarca donde se había criado y le había sacado la malaria, no obstante no había olvidado su zona de nacimiento. Con intención de volver hizo pregunta sobre como se podrían desterrar las terciarias de un lugar. Le dijeron que inundando las tierras pantanosas con agua del mar y haciéndola circular, no se criarían los mosquitos. Dado el cariño que tenía a Calpe concibió la idea de vender las tierras que sus padres le habían comprado, más todo lo que había adquirido el, para volver a Calpe dispuesto a luchar por desterrar la enfermedad palúdica que se había hecho endémica en el lugar de su nacimiento y sus alrededores. En 1917 compra las tierras donde radicaba el foco de la enfermedad, (ver artículo Salinas) el llano de la fosa de Ifach, puso maquinaria en la orilla del mar, en lo que ahora llaman Cala de la salina, para elevar el agua hasta lo más alto del lodazar matando así las larvas de los mosquitos propagadores de la enfermedad endémica de la zona. Pronto empezó a notarse la mejoría en los afectados del terrible mal, con gran satisfacción de mi padre, que pudo saber que las victimas del mal sanaban gracias a el”.
Habiendo fallecido su esposa Jacinta contrae matrimonio con una viuda de Cartagena llamada Carmen.
Nuevamente viudo, vuelve a casarse por tercera vez con Isabel Bellón, también de Cartagena. Siempre se ha dicho que el ti Vicent fue en bicicleta a ver a su última mujer ( Isabel) a Cartagena cuando contaba casi 70 años de edad. Hemos podido confirmar de boca de uno de sus nietos que el único viaje realizado por su abuelo a Cartagena y en bicicleta fue a finales de 1936, cuando le llegó la noticia de que las fuerzas republicanas habían apresado a su hijo Vicente que ingreso en 1933 en la marina militar y estaba  destinado en la vigilancia de la pesca. La razón de ir en bicicleta no fue  otra que la de pasar  los numerosos controles más fácilmente. Finalmente, pudo traerse a su hijo sano y salvo.
Vicente hombre polifacético donde los haya, tenia un largo bagaje de experiencias de todo tipo y una que podríamos calificar de “curiosa” era la habilidad que se le atribuía de “cortar” las mangas de los tornados, habilidad que había adquirido de sus tiempos de navegante. Las mangas de tornados eran bastante habituales en aquellos años, por esta zona solían salir desde el cabo de Moraira y se internaban en el mar. Pues bien, la gente decía por Calpe que el “ti Marguí tallava les maneges” y por eso le daban las culpas en las épocas que no llovía. Vicente conocía la oración y con unas simples tijeras hacía el ademán de cortarlas sobre el horizonte al mismo tiempo que rezaba una oración y claro como a el no le interesaba que lloviera porque se estropeaba la cosecha de la sal, la gente le atribuía la escasez de las lluvias.
Tenía don Vicente una criada ( Pepa el Zurdo)  que le llevaba el almuerzo a la salina, dicho almuerzo consistía en un tazón de sopas de leche y pan, como le molestaba la dentadura postiza se la quitaba, e igual la dejaba en el suelo y las más de las veces no sabía donde la había dejado.
Iba este hombre excepcional las más de las veces descalzo o con unas simples alpargatas, debido a ello tenía los dedos de los pies completamente abiertos.
En cierta ocasión,  cuando la expulsión del Rey Alfonso XIII, se encontraban don Vicente y mi padre arreglando un "tablacho" y se puso a llorar, mi padre le preguntó; "ti Vicent que li pasa, per que plora?" el le contestó. Hay Pepet  tu todavía no entiendes de esto, pero han expulsado al Rey de España y esto nos traerá mucha sangre y desgracia. El se consideraba amigo personal del Rey y además tenía una gran visión política de lo que podía suceder a partir de aquel momento.
 
 Andrés Ortolá Tomás