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domingo, 12 de septiembre de 2010

Garulos de Calpe

A mi buen amigo, Miguel Garulo Muñoz

El apellido Garulo se encuentra muy poco extendido por España y extinguido en nuestra población desde mediados del siglo XIX. Según algunos tratadistas, procede de un linaje de infanzones de origen aragonés, documentado desde 1582 en la villa oscense de Aniés, figurando como hijosdalgo en el Maravedí de dicho año. Además de las ramas de Fañanás y Aniés hay constancia de otras ramas de esta estirpe en las localidades de Castejón de Valdejasa, Esquedas, Loarre, Puendeluna, Rasal, Zaragoza y Zuera, entre otras. Una rama familiar se asentaría en Valencia, muy probablemente en el siglo XVI, y de ésta procede la casta calpina de los Garulo, que tanta importancia tuvo en la vida social y económica de nuestra población a lo largo del siglo XVIII.
La destrucción de nuestros libros parroquiales en tiempo de guerra creó una insalvable laguna documental que ha sumergido todos nuestros antecedentes de genealogía familiar en un insondable pecio. En ocasiones la aparición de testimonios históricos puntuales ofrece una valiosa información que arroja algo de luz sobre tan tupida oscuridad. Es el caso del que nos ocupamos.
Sabemos de la existencia en Calpe, -a mediados del siglo XVIII-, de un presbítero llamado Victoriano Garulo, quien solicitó su nombramiento como Notario de la Inquisición. A los efectos, Manuel Mayáns Siscar, canónigo e inquisidor, instruyó el expediente correspondiente sobre el aspirante, en el que se recogían referencias familiares que ahora nos permiten documentar los orígenes de la estirpe.
En el Quinque libri que principiaba en el año de 1695, aparecía la siguiente inscripción:
“En quinze días de junio mil setecientos y diez y seis con licencia del sr. Don Jacinto Orbí, Prb. Dotor en ambos derechos. Canonigo de la Santa Metropolitana Yglesia de Valencia y Vicario General por el Ilmo. Señor Dn. Fr. Antonio Folch de cardona. Arzobispo de Valencia, ausente en partes remotas y oficial refrendada por Joseph Blasma, Notario y escrivano en veinte y nueve de mayo de dicho presente año, hechas las tres canonicas moniciones entres dias calendas, intermissarum solemnia, la primera a 11 dominica de la Santíssima Trinidad, la segunda a 14 dias del Corpus, y la tercera a 17 dominica infraoctava del Corpus del mes de junio de dicho año y tenida certificación del Dr. Pedrogabraran. Preb. Vicario de la Parroquial de San Estevan de Valencia, fecha en tres de junio 1716 y no habiendo resultado impedimento alguno, y tenido su mutuo y Libre consentimiento desposé con palabras de presente a Don Manuel Garulo, natural de la ciudad de Valencia, hijo legítimo de Don Victoriano Garulo y de Maria Diego, conjuges y habitador de Calpe y a Beatriz Blanquer, doncella, natural de la villa de calpe, hija legítima y natural de Juan Blanquer y de Ursula Guardiola conjuges y acto continuo les velé y di las bendiciones nupciales, celebrandoles missa yo el Dr. Christoval Belda, Pbr. Retor de dicha parroquial de Calpe. Fueron testigos Fernando Boronat de Luisa y Alexandro Marcos, Notarios habitadores de Calpe y por la verdad lo firmo de mi nombre y mano en los dichos dias 15 mes y año. Dr. Christoval Belda”.
La inscripción matrimonial corresponde a la de los padres de Victoriano que nacería dos años después del enlace según testimoniaba el libro de Bautismos:
“En diez y nueve dias del mes de setiembre de mil setecientos diez y ocho, Yo el infrafirmado, bautizé según ritu de la Santa Madre Yglesia Catolica Romana a Victoriano Agustin Pedro Manuel Garulo, hijo de Don Manuel Garulo, fiel de rentas de las salinas y de Beatriz Blanquer, confulgum. Fueron padrinos Don Agustin Zorlado, Administrador de estas salinas y Francisca Ana Salvá, habitadora en Callosa. Nació dia diez y siete a las siete de la mañana, en cuya fee lo firmo dicho dia, mes y año. Don Severino Signes, Retor de Calp”.
Con estos antecedentes podemos afirmar que el asentamiento de los Garulo de Calpe se produce a principios del siglo XVIII, vinculados como administradores o interventores a nuestra importantísima explotación salinera.
Como podemos comprobar, Don Manuel Garulo Diego, ya oficiaba como fiel de rentas de las Salinas en 1716, época que coincide con la centralización administrativa borbónica promovida por el Decreto de Nueva Planta. Las nuevas disposiciones propician un incremento de los precios de arrendamiento de las salinas costeras y la creación de sociedades en las que el mayor accionista será el adjudicatario que después, a su vez, subarriende la explotación. Garulo, como funcionario del nuevo sistema administrativo implantado, ejercerá la regencia de las regalías de Calpe durante la primera mitad del siglo.
Don Manuel Garulo Diego aparece en 1730 como administrador de las Reales Salinas de la villa de Calpe y su partido, con una cobertura territorial de nuestra explotación correspondiente a las dos Marinas, el Comptat, l´Alcoia y la Safor, y eventualmente la Ribera y Cullera. Durante el período 1735-1736, nuestro administrador regula la producción de las Salinas de Calpe en 2.500 fanegas, aduciendo para justificar este menor volumen, las inclemencias meteorológicas sufridas durante el año. El 31 de mayo de 1736 abandona su cargo dejando las instalaciones de la explotación en un estado lamentable según un informe pericial fechado en septiembre de 1738 y practicado en un procedimiento criminal contra él:
“los estanques, calentadores, acequias, muelles y las eras así como el deterioro en que se encuentra el tejado del salero ya que conforme cahia el agua del cielo, dava sobre la sal, de que se siguió notable perdida, y se deshicieron mas de 700 fanegas de sal, que se hallaron de menos, pues dicho tejado estava tan claro, que por las mas partes se vehia el cielo, y la casa que esta separada, se esta cayendo, y no se atreven á habitarla los Administradores por temor de su ruina y la ermita que es más moderna esta deteriorada”.
Este informe se evacua a instancias de una querella civil y criminal presentada en 1736 por Pedro Juan Barber, nuevo administrador. Barber acusaba a Garulo de que
“mando sacar muchas cargas de sal de dicha salina y salero, para utilizarse de sus productos; cuya extracción se executó con los machos de la labor, del referido don Manuel, en los de Joseph Guardiola, en los de Miguel Thomas, en los de Joseph Morese vecinos de esta villa, los quales la condujeron a la casa de dicho don Manuel Garulo y a otras de esta villa”. Al mismo tiempo es acusado de vender sal fiada o regalarla a vecinos principales.
El proceso contra Garulo, ya en 1739, presenta declaraciones contradictorias en cuanto a testigos, algunos condicionados por la ascendencia social de nuestro personaje. El poder del burgués local queda patente por la expresión de una manifestante que viene a demostrar su influencia sobre el párroco local: “Buelba Vm. y que se levante este testigo que ya estoy informada del señor cura que por estos juramentos no se yrá una al Ynfierno”. Con el uso de sus resortes Manuel Garulo ostentaba en estos momentos la administración de rentas de la Aduana de Calpe y pretendía no ser interrogado en el procedimiento por ser “Juez Conservador de Marina en este partido”.
La sentencia, publicada en 1742, declaraba a Don Manuel Garulo defraudador, condenándole a pagar 156 libras.
Ya en diciembre de 1760  nuevamente el almacén de la salina necesita de diferentes reparos para “impedir la introducción de las aguas y que no se han podido encerrar en el las 2.200 fanegas que se han  fabricado este año, por lo que están a la inclemencia y expuestas a robos y mermas”. Constan como administrador de las Salinas en aquellos años Don Juan Garulo Blanquer –hijo de Don Manuel Garulo y hermano del presbítero Victoriano- y como Fiel Interventor, Cristóbal de Algarra, con la obligación, impuesta por la nueva normativa, de poner un Arca de Intervención con dos llaves para guardar los caudales del salero.
De la conjunta representación funcionarial de Garulo y Algarra surgirá el parentesco a través del matrimonio de Manuel Garulo e Isabel Algarra. No hemos podido documentar los pormenores del enlace, pero de éste surgirán los últimos Garulos calpinos: Manuel, Mariano, Alejandro, Cristóbal, José y  Silveria Garulo Algarra, sin descendencia los varones, quienes ostentarían pequeños cargos en la administración municipal durante la primera mitad del siglo XIX.
Por resolución real dictada el día 12 de Abril de 1787 se ordenaba que:
“ès mui útil, y beneficioso à la Real Hacienda, y à la Villa de Calpe, el que desde luego se inutilice, y extinga la Salina de su termino, allanándola por quenta de la Renta, de modo que se dè corriente à sus aguas, sin peligro de que el revalso de ellas pueda perjudicar à la salud publica, ni aprovecharse de la muera para uso alguno”.
Con esta disposición se ponía fin a la centenaria explotación salinera calpina, orden que se verificó a través del Visitador General de la Real Renta de Salinas Don Juan Pérez de Lazarraga, quien asistido de un escribiente interino y de un ayudante, contrató cuadrillas de peones y “en 32 días útiles de trabajo he logrado enteramente la destrucción y allanamiento a la referida fabrica, con la mayor perfección, hasta dejar el terreno, o sitio, en la propia disposición que crió naturaleza, e igual a la altura de los campos a su circunferencia, de forma, que quedando como queda, bien cerrada la acequia o conducto, por donde se introducían las aguas en la salina; y que las del invierno las consumirá la tierra". Esto sucedía en el mes de Agosto de 1787.
La influencia y notoriedad de los Garulos calpinos se extinguían al mismo tiempo que lo hacía la explotación salinera de Calpe. No pudo la vida de esta estirpe familiar estar más ligada a su existencia.
José Luis Luri Prieto

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